“Las nubes nunca son las mismas, y no hablo del agua que cargan o de su composición mas esencial, hablo no en vano de su apariencia. Las nubes nunca son las mismas, aún si unas se parecen a otras, y especifica-mente en Atitlan parecen peces en el cielo.”
En San Pedro predomina, como en Latinoamerica, un desconocimiento de lo propio y una estetización ya ajena o desvinculada de las sabidurías ancestrales.
Saben cuanto han leído de si mismo en Internet y lo narran con distancia, esta es la mayor preocupación de los Tatas; el adoctrinamiento religioso colonia-lista, la extinción de su memoria colectiva y la falta de maestros en sus artes antiguas.
Oí a mujeres cantar, las piedras tibias se acomodaban en mis pies y el aire frío danzaba en los cabellos.
Oí a mujeres cantar sentadas en filas, vistiendo sus trajes ceremoniales; una falda verde y su faja tricolor (El azul por la laguna, el rosa por la mujer y el verde por el volcán) que sostiene con rigidez la cintura y refleja la fuerza y la firmeza de la mujer.
Oí a mujeres cantar, mujeres bellas elevando cantos evangelistas con la dirección de un hombre blanco y trajeado.
- Solo el fuego permanece puro y limpio, Dijo el Tata, - Ya hasta nuestra agua esta enferma.
- A mí llegaron los nahuales en sueños, uno por uno fueron llegando los 21, no entiendo por que el Tata anterior solo usaba 4, yo trabajo con los 21.
Entre historias de la forma en que Dios salva embarcaciones, cotilleos de la poca fe que tiene la vecina que no fue al ultimo servicio he historias que iba coleccionando acerca del lago (Desde que llegué fue el mayor de mis intereses), me encontré con la siguiente historia entre bostezos:
Ch’ooreeq, primera hija de Chuckuck fue encargada de mediar entre el viento y el lago para calmar su ira y dolor al perder a Citlatzin, ella prometería regresar a Samabaj para amar al lago y aliviar el dolor de su perdida, calmando así la agitación que había dado origen a la laguna. Cuando Ch’ooreeq duerme, la laguna la llama estremeciendo sus aguas para que deje la morada de su padre y regrese a la ciudad sumergida.
Todo se mueve y se renueva, tuvo sentido para mi entonces, retratar a la doncella que despierta y regresa al agua, al agua que sube y el ciclo que regresa.
Esta escondido en el mito un “fin del mundo; en Atitlan, las nubes parecen peces y un día los peces estarán entre las casas sumergidas como en Samabaj y como ahora nadie recordará lo que allí existió.

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