PROYECTO DESARROLLADO
La desconfianza, el disimulo, la reserva cortés que cierra el paso al extraño, la ironía, todas, en fin, las oscilaciones psiquicas con que al eludir una mirada nos eludimos a nosotros mismos...
- Octavio Paz
Estoy debajo de esta piel, entre los huesos y la piel, fluyo por este cuerpo que no siempre se sabe mío. No he sabido si tiene que ver con la luna llena o las aguas que amamantan la tierra, este cuerpo que en ocasiones no se sabe mío parece un caparazón que me constriñe, tal vez, si abro la boca, logro salir de él, entonces ¿cómo me vería?, ¿sería acaso una sustancia viscosa que se arrastra por el suelo?, ¿o un plasma azul que se deshace con el viento? Este es un caparazón con las más genéricas fallas: tiene los ojos pequeños y la lengua corta, puntos rojos le adornan de pies a cabeza y se duele al bailar, o al intentar hacerlo. Le falta aceite, pues en ocasiones hasta las articulaciones de los dedos le chillan.

He soñado que veo desde los ojos de otros cuerpos, cada uno con su propia vida, por ejemplo, hace noches tenía una bata blanca y corría por un prado alto mientras un bebé me escurría del vientre. En otro, de esos habituales que ya dejaron de preocuparme, un anciano me comía y me bebía: este cuerpo retozaba en una lámina de piedra fría, sentía el frío, pero no los cortes; a veces veía con los ojos del anciano, y a veces con los ojos del sacrificio.

Cuando el espejo me observa me invade una necesidad de modificación, me aplasto el rostro con las manos; he intentado ver como sería de otras maneras, ¿este soy yo?, estoy dentro de un cuerpo que a veces no se sabe mío.

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